Martes de la 10.ª semana del Tiempo Ordinario
Ustedes son la luz del mundo. Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre.Mateo 5, 14. 16
En aquellos días, se secó el torrente donde Elías se ocultaba, porque no había llovido en la región. Entonces el Señor le dirigió la palabra: «Levántate y vete a Sarepta de Sidón, y quédate allí. He ordenado a una viuda que te dé de comer».
Elías se levantó y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, había allí una viuda recogiendo leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para beber». Cuando ella iba a traérsela, le gritó: «Tráeme también, por favor, un trozo de pan».
Ella respondió: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no me queda pan; solo tengo un puñado de harina en la orza y un poco de aceite en la alcuza. Estoy recogiendo un par de leños; voy a prepararlo para mí y para mi hijo. Lo comeremos y luego moriremos».
Elías le dijo: «No temas. Anda y haz lo que has dicho; pero primero prepárame a mí un panecillo y tráemelo; después lo harás para ti y para tu hijo. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra"».
Ella fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Y, como había dicho el Señor por medio de Elías, la orza de harina no se vació ni se agotó la alcuza de aceite.
Cuando te invoco, respóndeme, Dios, defensor mío; tú que en el aprieto me diste anchura, ten piedad de mí y escucha mi oración. R.
Sepan que el Señor hizo milagros en mi favor; el Señor me escuchará cuando lo invoque. Temblad y no pequéis, reflexionad en el silencio de vuestro lecho. R.
Muchos dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha?». Haz brillar sobre nosotros, Señor, la luz de tu rostro. Tú pusiste en mi corazón más alegría que si abundara en trigo y en vino. R.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada más que para tirarla a la calle y que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede esconder una ciudad puesta en lo alto de un monte; ni se enciende una lámpara para meterla debajo de una vasija, sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que así brille la luz de ustedes ante los hombres, para que, al ver sus buenas obras, den gloria a su Padre, que está en los cielos».
Diácono, poeta y teólogo sirio, llamado «el arpa del Espíritu Santo». Compuso miles de himnos que defendieron la fe y nutrieron la oración del pueblo. Fue declarado doctor de la Iglesia por León XIII en 1920.
Escuchar y leer en aMisa →