Miércoles de la 10.ª semana del Tiempo Ordinario
No he venido a abolir la Ley o los Profetas, sino a darles plenitud.Mateo 5, 17
En aquellos días, el rey Ajab convocó a todos los hijos de Israel y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo van a andar cojeando de los dos lados? Si el Señor es Dios, síganlo; si lo es Baal, sigan a Baal». El pueblo no le respondió nada.
Elías dijo: «Yo he quedado como único profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Que se nos den dos novillos: que elijan uno, lo descuarticen y lo pongan sobre la leña, sin prender fuego. Invocarán el nombre de su dios, y yo invocaré el nombre del Señor. El Dios que responda con el fuego, ese es el verdadero Dios».
Los profetas de Baal invocaron a su dios desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: «¡Baal, respóndenos!». Pero no hubo voz ni respuesta.
A la hora de la ofrenda, el profeta Elías se acercó y dijo: «Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel: que se sepa hoy que tú eres Dios en Israel y que yo soy tu siervo. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú quien convierte sus corazones».
Entonces cayó el fuego del Señor, que devoró la víctima y la leña. Al verlo, todo el pueblo cayó rostro en tierra y exclamó: «¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!».
Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien». R.
Multiplican sus penas los que corren tras dioses extraños; no derramaré sus libaciones de sangre, ni tomaré sus nombres en mis labios. R.
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa: mi suerte está en tu mano. Tengo siempre presente al Señor; con él a mi derecha no vacilaré. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«No crean que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la última letra o trazo de la Ley.
Por tanto, el que quebrante uno solo de estos mandamientos, aun de los más pequeños, y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos. Pero el que los cumpla y los enseñe será grande en el Reino de los cielos».
Joven de la nobleza de Bolonia que, contra la voluntad de su familia, abrazó la vida religiosa inspirada por santo Domingo de Guzmán. Fundó el monasterio de Santa Inés y es recordada por su amistad espiritual con el beato Jordán de Sajonia.
Escuchar y leer en aMisa →